LAS HIERBAS SALVAJES

CINE DEBATE

A propósito de  LAS HIERBAS SALVAJES  de Alan Resnais

Pasaron  ya un par de años y no recuerdo  que ocurrió primero.  Ambos hechos quedaron grabados en mi memoria de tal forma que uno evoca irremediablemente el otro.

Un  sábado, siguiendo el formato acostumbrado, luego de la proyección conduje  el debate.  Sobre el final, ya habiendo hablado todos,  no dejaba de llamarme  la atención un hecho significativo: La película narra como un adolescente mata  a otro.  El hermano de la victima cobra venganza matando al  pequeño asesino y enterrando el cuerpo en un bosque.  El entierro  a escondidas  de este niño,  está  filmado como una subjetiva  (el lente de la cámara va cubriéndose de tierra  como si fuese la visión del muerto). A pesar de su gran poder simbólico y cinematográfico,  nadie mencionó  esta escena,  ni esta muerte.  Las imágenes eran austeras  e  incapaces  de  crear niveles de ansiedad que impidieran abordarla.  En aquel momento tuve la impresión de que no se trataba de un olvido sino de un supuesto, algo sobre lo que no importaba hablar.

Otro día,  vi pasar frente a Eldorado una procesión de ida y vuelta de vecinos. Iban a ver a un hombre  que había sido herido por la policía  cuando intentaba huir luego de un  robo.  El hombre agonizó y murió ante la vista del curioso tour. Yo no me acerque al lugar,  pero escuché  los comentarios de los curiosos.  Pocas veces presencié tanto desprecio por la vida humana  como en aquellas palabras al pasar.

En ambos casos eran delincuentes,  un niño que había matado y un adulto que intentó robar.  Ambos habían sido ajusticiados de manera violenta.  Ambas muertes habían sido despreciadas por los testigos reales en un caso y ficcionales en el otro.

Allí comprendí de manera  cabal que la inercia en el abordaje  de las películas en los debates, no era producto del desinterés  sino de una imposibilidad.  No de una imposibilidad personal, intelectual o emocional, sino de un tipo de condicionamiento social que impone  a espaldas de los sujetos,  determinadas premisas irracionales en la lectura de los hechos.   Ya sea  una vivencia directa, un relato, una construcción mediática  o una ficción, estas premisas actúan a un nivel tan elemental que ejercen su acción en todo el  ideario  simbólico de una comunidad.  Desde entonces  cancelé  todo proyecto institucional para profundizar los  lineamientos en los debates.  Otros hechos  sociales, corroborarían tiempo después,  lo acertado de  esta  decisión.

Pude también  aislar un principio rector para el  análisis cinematográfico: aquello que el espectador omite de leer   en su vida cotidiana,  lo omitirá en la lectura de un film.  No es una conclusión  brillante, pero es la aceptación de un límite: la constatación de que el cinéfilo ha perdido  la capacidad para interpelarse desde la ficción.

Esta capacidad de interpelarse, nada tiene que ver con el  sueño de décadas pasadas de un arte comprometido social o políticamente. El cine, la literatura, la música   conservan hasta hoy  su poder para  influir en nuestras vidas, sin que por ello se deba hacer una revolución.

En el Último film de Resnais  “Les herbes folles” (Hierbas salvajes), un hombre busca  relacionarse con una mujer que conoce accidentalmente. Poco a poco sin que nos demos cuenta   el relato  va dejando  de narrar  acciones reales y pasa a narrar  lo que  el hombre imagina que es real, motorizado por  sus deseos e  inspirados desde  las típicas  películas  norteamericanas clásicas. El guión funde ambos relatos impidiendo que el espectador pueda diferenciarlos.  La diferencia sólo podrá ser inferida a través de una interpretación a posteriori.

Distintas capas de significación  en un solo relato donde se entremezclan: lo que el hombre  ficciona  desde la realidad,  lo que realiza desde la ficción y lo que ocurre  fuera de su subjetividad.  Esta técnica de doble lectura ya era un recurso  utilizado a principios del siglo XIX por el cuentista alemán  E.T.A. Hoffmann  en “Las opiniones del gato Murr”

El guión  como desarrollo de acciones,  quedará al servicio de la construcción de los distintos niveles de significación, al mejor estilo Resnais.

“Las hiebas salvajes” es un verdadero homenaje a lo que el cine ha aportado a la sociedad en la construcción de la  subjetividad y del relato social. Somos en parte lo que el cine nos ha contado en todos estos años. Al protagonista de la película, el cine le ha contado muchas historias de amor que confunde con su vida real.  A nosotros, décadas después, parece habernos contado demasiadas muertes  como para poder distinguir las reales de las virtuales o de las mediáticas.

Los mundos  se continúan. La realidad y la ficción, al superponerse, parecen neutralizarse mutuamente.

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