“EL DISCURSO DEL REY”

REFLEXIONES SOBRE LA PALABRA EN LOS MEDIOS

.

.

“Olvídese de todo y dígamelo a mí”
(Palabras del terapeuta de Jorge VI)
“El discurso del rey”

.

En la película “El discurso del rey”, ganadora del  Oscar 2011,  se narra parte de la vida de Jorge VI  quien sufre disemia (tartamudez),  cuando debe hablar  públicamente.  Para este rey,  la palabra pública es un impedimento, un mandato incumplido.

¿Cuáles son las diferencias  entre la palabra de un rey y  la de un  ciudadano común?

La palabra de Jorge VI  debe llevar serenidad a  una nación  que está por entrar en guerra.  Hay un claro y objetivo deber  que sólo podrá cumplirse  buceando en  las tinieblas  de su mundo subjetivo.  Para transitar esta contradicción, se recurre a lo único que  es matemática y sentido  a la vez: la música. (Creo que el guión de la película no  profundizó  en  la relación  entre el discurso del rey y el discurso de una sinfonía, conformándose  con un montaje  sonoro que tiene  que recurrir a la danza para mantener pegado  en la superficie,  lo que está íntimamente unido en su centro).

La palabra  de Jorge VI  adquiere sentido  en la sujeción  a los mandatos  que perpetuán el status quo que lo legitima. En democracia,  la libertad de expresión tiene otro sentido que puede corromperse si su ejercicio no está contextuado  en el ejercicio de otros derechos.  Veamos un ejemplo de ficción:

Ud. arriba  a una isla desconocida  con la certeza  que  allí  la libertad de expresión es una realidad, de que cada habitante se expresa  según sus convicciones. Pero luego de unas horas de estar en la isla, Ud. nota   que todos dicen más o menos lo mismo, todos tienen los mismos temores, los mismos sueños, aman y odian las mismas cosas.  ¿No empezaría entonces,  a sospecha de este discurso único?

Libertad de expresión y democracia no son términos consecuentes. La libertad de expresión adquiere su sentido en la libertad de pensamiento.  Sin libertad para construir ideas diversas,  la libertad de expresión se convierte en un enunciado vacio  o  en un instrumento de opresión donde la  fuerza de todas las voces no hará otra cosa que legitimar  un único  discurso dominante.  Esto ocurre particularmente cuando una sociedad se enfrenta a situaciones límites. Nuestra historia y la de muchos pueblos, tienen  ejemplos de  acciones aberrantes cometidas al amparo de un discurso legitimado por el conjunto o gran  parte de la sociedad.

El fin trascendente de la libertad de expresión  es construir conocimiento.  El conocimiento  ya  no está ni en los dioses, ni en los reyes, sino que descansa, contradictoria, en la  multitud de discursos.  En la palabra de todos se persigue el bien de todos.

Esta condición posibilita que  yo, como ciudadano común,  pueda opinar sobre cualquier cosa. Puedo hablar  sobre la relación entre el páncreas y la hernia de disco o puedo hablar sobre la carga de concreto que necesita una estructura, aunque los datos sean incorrectos.  No ocurrirá  lo mismo si el que habla es un médico o un ingeniero.  Su profesión los obliga a la idoneidad.  Sus palabras  están comprometidas con sus saberes específicos. En el discurso social también hay una palabra calificada: la del periodista. Por lo tanto, existen diferencias  entre la libertad de expresión y la libertad de prensa en el ejercicio de la profesión.

¿Debería el periodismo  permanecer  inmune  a las restricciones y obligaciones  a las que toda    profesión debe someterse?

La principal tarea del periodismo es  el “hecho”,  No falsearlo  ni alterarlo  es su obligación profesional.  Luego, cuando el hecho deba  ser comunicado,  su visión del mundo  determinará  el campo  y el sentido de lectura  de ese hecho.  Cuando este legítimo recorte no está  expuesto, ocurre que  su interpretación no aparece como una lectura,  sino como la realidad misma. Lo que se dice es lo que pasa. De esta forma, el debate de lecturas deviene  en un combate de verdades.

La operación típica en estos casos,  es la reducción de la realidad a  escenarios  con una trama creíble y coherente, un guión con héroes y villanos  y un final que puede  predecirse.  Por ejemplo,  la práctica del periodismo televisivo de inducir la respuesta en la pregunta,  no sólo es execrable en la racionalidad fáctica  ya que no produce conocimiento, sino una afrenta al entrevistado que debe someter su pensamiento a conclusiones  pre-guionadas.

¿Cómo afecta la soberanía del ciudadano la manipulación periodística?  Cuando el pueblo “quiere saber de qué se trata” ¿Qué le responde el periodismo manipulador?  Porque si la información periodística no describe “de lo que se trata”, sino otra cosa,  ¿no estaría la información falaz entorpeciendo el absoluto derecho del ciudadano a enterarse? ¿Cuál es la función social del periodismo, informar o adoctrinar?

Volvamos  al soberano  inglés.  En un experimento que el terapeuta realiza con  el rey, queda claro que lo que impide un discurso fluido es la propia escucha. El rey se inhibe ante su propia voz.  La solución es que  Jorge no debe  escucharse  hablar.  Lo que se dice no deberá ser  escuchado por quien lo dice.  Aquí hay un verdadero acierto en el film. No es cualquier música la que acompaña esta solución.  Es la séptima de Beethoven.  Cuando Beethoven compuso esta sinfonía su  sordera, casi absoluta,  le impidió la escucha externa de la obra al tiempo que le posibilitó otras maneras de la música,  formas donde la música trasciende sus propios sonidos.

Estas condiciones, tanto del rey como la de Beethoven, develan una metáfora significativa.  Parecieran decir: la tarea se hace posible,  si su destino se  emancipa  de su origen.

El destino de la acción  periodística será, entre otras cosas, una mercancía digna de ser negociada siempre que su origen  no haya comprometido la tarea: desconfiar de presupuestos,  chequear  la información, proteger  las fuentes, etc.

Sin embargo, la obsecuencia periodística   hacia el patrón  mercader,  no es  una  explicación suficiente.  El problema debe abordarse en un contexto  amplio donde debería considerarse:

1 El uso de tecnologías que posibilitan la rápida  elaboración y circulación de la palabra.
2 La irrupción  de  paradigmas  donde la  aleatoriedad  convive con el razonamiento formal.
3 La influencia desmedida de los medios audiovisuales en la construcción de  subjetividad.
4 El menosprecio hacia toda  ideología con el fin de  equiparar acción social con transacción.
5 Un sistema defensivo exagerado que prejuzga,  en vez de juzgar  hechos.
6 La relajación de los códigos profesionales y éticos.
7 La ausencia de una formación histórica – cultural  sólida.

Algunas de las consecuencias  de estas condiciones  son:

1 La reducción de la palabra escrita y oral  a niveles de significación básicos.
2 El deterioro del oficio  manifiesto  en constantes  errores  de redacción y expresión
(Algunas veces, el  texto mal redactado,  dice  lo contrario de lo que trató de decir).
3 La recurrencia a argumentos ad hominem o de autoridad.

Nunca hubo posibilidad de un apocalipsis en Japón. Cualquier estudiante de primer año de ingeniería sabe esto. En este ejemplo, podemos ver  como algunos  medios de comunicación  son los hacedores y  portadores  del terror social, un terror construido a diario con lo que se tenga a mano: un asalto o un tsunami.

El  terrorismo social comprime al ciudadano, obligándolo a consumir palabras cosificadas que no portan ninguna significación validada.   Cuentan para ello con muchas voces,  tecnología y un enorme  poder.  Esta estrategia  opera con tanta eficacia,  que logra instalar  prácticas sociales hasta en  aquellos que  tratan de resistir su influencia. *1

Podríamos  esbozar algunas  hipótesis finales:

“La libertad de prensa ejercida corruptamente,  es inversamente proporcional a la libertad  de expresión del ciudadano común”.

“A mayor terrorismo mediático,  menor diversidad en el discurso social”

Pienso en el discurso de Jorge VI superándose a sí mismo para llevar  templanza  a un pueblo que deberá enfrentarse  a situaciones  de extrema violencia e imagino igual tarea en  manos de un comunicador corrupto.

En el discurso de un mal periodista, el ciudadano es un esclavo, un rehén, un número  o nadie.

En el discurso de un buen periodista todos somos  interlocutores inauditos.

Olvidemos todo lo dicho.  Ahora señor periodista, “dígamelo a mí”.


*1 EJEMPLO:  La palabra exacta es tasa de criminalidad no inseguridad. Inseguro puede ser un auto, una relación, una silla. En los adolecentes  la inseguridad es una condición indispensable para su crecimiento. La palabra inseguridad no pertenece en absoluto al campo que trata de describir. Es vaga e inconmensurable. No apunta a su génesis sino a su epílogo. No se enfoca en el crimen sino en la sociedad.  Su relación antónima con la palabra seguridad es cuestionable: si digo  seguridad social, lo más probable es que se entienda, por ejemplo, un sistema de salud universal .   Ahora, piense: ¿cuál sería el  verdadero antónimo  para  la expresión seguridad social. Exacto: desempleo, falta de sistema de salud etc.  D e allí a relacionar desempleado con ladrón  hay un paso… Lo invito a que siga relacionando y  verá cómo se irá perfilando un círculo perverso que legitima y es legitimado por  el  mal  uso calculado  de esta  palabra.
Derechos reservados

RSS 2.0 feed. Reply to post, or trackback.

Hace un comentario