EL ÁRBOL DE LA VIDA

No son muchas las veces en donde los comentarios sobre un film son tan certeros. Pero son menos aún  las ocasiones en donde esos aciertos provienen de una mirada poco feliz y llena de prejuicios.

En efecto, no habría  manera más exacta de referirnos a “El árbol de la vida”, como una película que pretende más de lo que puede.

Obviaremos las cuestiones etimológicas  ya que dependiendo de la derivación que haya tenido del latin,  la palabra pretención, tendrá distintas connotaciones y valoraciones.

También obviaremos  analizar  la siguiente evidencia: quien  juzga  las pretensiones de algo , no sólo  debe conoce lo  juzgado, sino también la meta ha  alcanzar  en su pretensión.

Vamos al asunto.

Hace poco analizábamos en una clase,   la Octava sinfonía de Schubert  llamada comúnmente “Inconclusa” A medida que avanzábamos en el análisis iba surgiendo  la siguiente evidencia: la naturaleza de los temas y la forma de tratarlos no se correspondían. Parecía como si Schubert  hubiese tenido  en la cabeza más de lo que en realidad pudo escribir. La idea de la obra superaba a la obra misma.

Pero lo maravilloso de esta situación es que  por ella lo sabíamos.  La misma obra  nos muesta la cumbre de la montaña, su intento por alcanzarla y la confesión de su fracaso.

Como anécdota diremos que  ciertos análisis históricos indican que Schubert dejó inconclusa su octava sinfonía,  porque no encontró el camino para resolverla.  No sabemos si fue así, pero si sabemos cuál fue su destino: Convertirse en una obra maestra. Los momentos de flacura de la  ”Octava”, son para mí los más bellos.

Una pequeña nave que se aventura  en el océano profundo  pretendiendo llegar a puerto , es siempre una epopeya, naufrague o no.

Camino al centro de la cuestión,  las preguntas sería:

¿Es un problema recurrente de la cultura que exista una brecha entre lo dicho  y lo que se pretendió decir?

“Cuando expresamos algo, lo degradamos de modo extraño.  Creemos que nos hemos hundido hasta el fondo del abismo, y cuando ascendemos hasta la superficie, la gota de agua que brilla en la punta de nuestros dedos pálido ya no se asemeja al mar del cual fue sacada. Creemos haber descubierto una gruta de maravillosos tesoros y cuando regresamos a la luz del día,  hemos traído falsas joyas y trozos de vidrio;  no obstante el tesoro destella, inmutado en las sombras”

Maurice Maeterlinck

“Las palabras se esfuerzan, crujen y se quiebran a veces bajo la carga, bajo la tensión , resbalan, se deslizan y perecen…”

T.S. Eliot

Estas citas nos aproximan a una de las singularidades de la cultura del siglo XX: haber puesto  en tela de juicio la capacidad de lenguaje para expresar determinadas experiencias del hombre. Esa crítica al lenguaje, lejos de alejar al escritor de su tarea,  lo impulsó a nuevas formas de la literatura desde donde pudo  ampliar su campo expresivo.

No hay duda que la temática de El árbol de la vida,  es compleja, ríspida y de gran alcance.  El tema de la muerte del hijo, los modelos,  la sociedad, la familia,  la historia del hombre,  del planeta y del cosmos. Y hay más: lo que habita en el interior de hombre, sus sueños, sus creencias, sus temores.

Frente a esta temática, el problema del lenguaje se potencia. Nuestra civilización nunca pudo crear signos eficaces para referirse a…¿como decirlo?  ¿Espíritu,  trascendencia? ¿muerte?,  quizas porque las sombras del tabú sobrevuelan este escenario  Es poco lo que logró: algo de poesía, unos poco de textos sagrados,  una decena de monumentos,  algunos mantras, Bach… Tal vez  Malick pensó que ese poderoso productor de multi signos que es el cine, podría ser un medio capaz para minimizar nuestra atrofia lingüística en el tema.

Y entramos a la última cuestión: ¿Podría haberse narrado lo mismo desde un lugar más austero?

Hay al menos tres formas de  narración (no géneros)  montados en la película: la ficción argumental, la ficción significante ( voz en off, silencios etc) y el documental. En ninguno de los tres casos hay metáforas. Sería una grave error creer que “El árbol de la vida” es una narración  poética.  Es una prosa realista y  cruel.  El sol tiene explosiones, un dinosaurio mata a otro dinosaurio, …  todos sufrimos y  todos vamos a morir. Sin embargo hay un intento  no metafísico de eclipsar  la naturaleza finita de las cosas, penetrando su materialidad.

A esta altura no puedo emular la hazaña de Malick y deberé recurrir a la metáfora.

Podemos ver la luna de muchas formas. Moviéndose en un estanque, filtrandose entre las ramas de un bosque nocturno, pero “El árbol de la vida”,  decidió mirarla cara a cara. Allí está nuestra luna menguate, con  sus cráteres y sus  dos círculos: uno externo, bien definido y luminoso que le pertenece, y otro interno oscuro e inestable que es nuestra propia sombra. Al decir “nuestra propia sombra”  hemos partido de una realidad astronómica, tal vez para poder ir desde allí a algún otro lugar.

En la  construcción de la cultura cuando hablamos de pretensiones, es el mito de Prometeo el que se pone en juego.

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